Querido chico sin cara,
Llevas tiempo sin aparecer por las noches y te echo de menos, eres lo más cercano a una caricia que he tenido desde hace un par de meses.
Cada vez que cierro los ojos e intento conciliar el sueño ya no te encuentro, ¿será que has aparecido suficiente ya? Deberías volver aunque sea solo una vez más para despedirte.
Cuando caía rendida en la cama y conseguía quedarme dormida... ahí estaba yo, en mi cuarto con el móvil en la mano contestando un mensaje que decía "baja, ponte guapa". Abría, entonces, mi armario para coger muy decidida ese vestido rojo que me pondría a juego con los tacones negros que siempre calzo para bajar las escaleras y llegar al portal donde estabas esperándome con algo entre las manos. Me puse roja y nerviosa, como de costumbre, pero mucho más al abrir esa diminuta caja que me entregabas, la cual contenía unos pendientes a juego con el colgante que antes solía llevar.
Entrábamos en el coche y no paraba de sonar Leiva hasta que por fin encontraste aparcamiento en la parte antigua de Cáceres para llevarme a cenar y más tarde a una de las torres de allí con vistas increíbles. Siempre odiaré esa última parte... cuando parece que por fin se va a ver quién eres, suena mi alarma.
Quizás la clave de una relación se encuentra en sorprender a base de detalles grandes o pequeños, caros o de lujo, conseguir que a alguien le tiemblen las piernas igual que el primer día. Quiero conocerte y ver la cara que nunca te aparece; que me lleves a más sitios, me da igual donde estemos mientras me estés haciendo reír.
Estés donde estés... te espero aquí; mientras tanto, vuelve para que no se me hagan tan largas las noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario